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Alfredo Guevara sigue filmando en el firmamento

Publicado en Homenajes, Obituarios fecha Abril 21st, 2013

Por Winston Orrillo

Era un arquetipo de intelectual revolucionario: combativo y combatiente y, a la vez, paradigma de la tolerancia, de la amabilidad, de la simpatía que, gota a gota, cuadro a cuadro, fue filmando en  la gran secuencia, el gran episodio épico de la Revolución en el Primer Territorio Libre en América, en esa Cuba que él nos ayudo a amar, con esa primera obligación que es el conocimiento.

Porque el cine, que el creó y difundió en el ICAIC, se propuso nada más que eso: abrir los ojos del mundo entero hacia el espectáculo inédito de una revolución -la primera y única- socialista en nuestra lengua plural.

Y pluralidad fue, precisamente, lo que Alfredo nos enseñó en esa labor pionera de integrar, en imágenes indelebles, el mundo multiforme de la Revolución Socialista, martiana, fidelista y, al fin y al cabo, tan originalmente nuestra como la guayaba y el mojito, como las Cargas al Machete o esas mujeres impertérritas que fueron asomando sus rostros -para no borrarse jamás- y que se quedaron en nuestras retinas asombradas.

Alfredo Guevara fue uno de esos creadores silenciosos, cuyos pasos inconsútiles aún se seguirán oyendo, en los estudios del ICAIC y donde una cámara este aprehendiendo las imágenes de las revoluciones que nacieron a partir de ésta: porque cuando nosotros pensamos en las imágenes primigenias de aquellos años aurorales y en los más recientes, siempre, permanente, con ese saco que sabía ponerse encima de sus hombros, y esa mirada profunda que sabía darnos una lección de tolerancia, de apertura, a pesar de que su fidelismo -que implica fidelidad a los principios y al eviterno Comandante en Jefe- era a toda prueba.

Alfredo Guevara es esa raíz que, hoy en día, el Cine Cubano puede ofrecer a un mundo multipolar pero siempre basado en el contenido abierto y cada vez más esclarecido y esclarecedor que se da, en especial, cada mes de diciembre, cuando, en La Habana, confluyen las voces multiformes de las cinematografías del mundo entero en ese Festival, creado por él, y que, con toda seguridad, ha de llevar su nombre inmortal, cuando en realidad siempre lo tuvo.

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Mella, la teoría revolucionaria y el Partido: Un legado para nuestra militancia

Publicado en Homenajes fecha Marzo 27th, 2013

Por Felipe de J. Pérez Cruz*

Julio Antonio Mella nació el 25 de marzo de 1903 en la ciudad de La Habana, y sin haber llegado a cumplir los 26 años de vida, marcó con su ineludible presencia, todo el Siglo XX cubano. Es una figura histórica vital y polémica, pensador de herejías precursoras, militante decisivo para entender el movimiento comunista de su tiempo.

La acción criminal del imperialismo y su lacayo de turno al frente de la neocolonia, sólo le permitió dedicar seis años a la lucha revolucionaria -de finales del 1922 al 10 de enero de 1929- y en ese tiempo alcanzó el más alto protagonismo de su generación y nos legó un pensamiento de riqueza extraordinaria, con una diafanidad y agudeza que hoy, no sólo sorprende sino que, sobre todo, mantiene frescura y trascendencia, actualidad. Mella es imprescindible para pensar el socialismo en el Siglo XXI.

En el 110 aniversario del nacimiento de Mella, desde el escenario de socialismo cubano, sus logros y retos, considero oportuno tratar el tema de Mella y el Partido. Los principios martianos y leninistas del actual Partido Comunista de Cuba, constituyen fundamentos de orden ideológico, teóricos, organizativos y táctico-estratégicos, que están en la base del proyecto revolucionario y su sistema político. Sin embargo no siempre nos ocupamos de su estudio y debate. En esta dirección el fundador Julio Antonio Mella nos dejó una propuesta no suficientemente conocida.

La militancia comunista

Antes del contacto con el movimiento obrero y comunista, Julio Antonio Mella, líder del movimiento estudiantil y de la Reforma Universitaria, no comprendía en toda su dimensión, la protesta de los trabajadores, no podía hacerlo desde los arranques vitalistas de revolucionarismo juvenil. Entonces creía en la necesidad de una élite, preferentemente de jóvenes, que destruyera mediante la acción las lacras neocoloniales y las ominosas diferencias sociales. Mella reclamaba para sí el protagonismo del peruano Manuel González Prada (1844-1918): “los viejos a la tumba y los jóvenes a la obra” (1). Pronto comprenderá que la revolución no es “una cuestión de glándulas, canas y arrugas,” y que a pesar del ímpetu y la rebeldía juvenil, también hay jóvenes tan viejos como el pensamiento retrógrado del que son portadores.

En medio del combate estudiantil encontrará Mella la solidaridad militante de la clase obrera. El sindicalismo revolucionario de Alfredo López (1894-1926) y el magisterio del marxista Carlos Baliño (1848-1926), le ratifican que no puede haber verdadera reforma universitaria sin liberación nacional y socialismo; y que la unidad obrero estudiantil tiene un carácter estratégico, en el combate revolucionario. La vinculación de Mella con la clase obrera, con López y Baliño, le abren una nueva y definitoria universidad. Eran precisamente los momentos en que maduraba el proceso de constitución de la clase obrera cubana como una clase nacional con conciencia de sí y para sí. Y López y Baliño representan las figuras cimeras de este proceso.

De la mano del precursor Carlos Baliño, desde finales de 1923 Julio Antonio se acercó al incipiente movimiento marxista cubano. En diciembre de 1923 es un activo miembro de la Agrupación Comunista de La Habana. La presencia de Carlos Baliño y de los militantes de esta Agrupación, en la fundación de la Universidad Popular “José Martí” el 3 de noviembre de ese año resulta un hecho indicador de tal relación. Cuando Mella el 31 de enero de 1924, tras el fallecimiento de Vladimir Ilich Lenin (1870-1924) (2), interviene en el homenaje realizado en el ultramarino pueblo de Regla, en la colina que quedó desde entonces bautizada con el nombre del genial conductor de la Gran Revolución de Octubre, ya cumplía su primera tarea de Partido.

José Martí

El joven que se adentraba en el mundo de la militancia comunista, lo hacía acompañado de José Martí Pérez (1853-1895). Desde muy joven había encontrado en los textos del Apóstol la ideología revolucionaria y la eticidad que lo compulsan a rebelarse contra las lacras de la república neocolonial. El avanzado pensamiento martiano le daría a Julio Antonio Mella una gran ventaja sobre otros revolucionarios que en Latinoamérica y el Caribe abrazaron la causa del proletariado.

Con Martí, Mella parte de un escalón superior. Martí aporta a Mella junto a su sustantiva eticidad revolucionaria -el valor del ejemplo-, un método histórico político de conocimiento de la sociedad. La política y la sociedad no fueron concebidas por Martí como asuntos puramente teóricos, sino como cuestiones vivas y concretas, que debían ser analizadas con el propósito de actuar sobre ellas de acuerdo con fines y objetivos fijados de antemano (3).

En momentos en que Carlos Marx (1818-1883), y Federico Engels (1820-1895) desarrollaba su sólida argumentación anticapitalista, Martí toma la especificidad de la América Latina y el anticolonialismo como sus puntos de partida e instrumentos intelectuales, supera al liberalismo e inicia los análisis críticos de la modernidad desde el mundo colonial y el anticolonialismo. Y con esta perspectiva hace una propuesta singular de superación mediante procesos de liberación que instituyan individuos más libres y capaces, constructores de sociedades liberadas con Estados nacionales, formación de ciudadanía y justicia social. Se trata esencialmente de una propuesta de superación del liberalismo predominante.

De Martí y también de los filósofos Enrique José Varona (1849-1933) y José Ingenieros (1877-1925), Julio Antonio Mella, aprendió el valor de la subjetividad humana, del componente espiritual, de la dignidad, la moralidad y el patriotismo de los hombres. Al entroncar con el marxismo encuentra, precisamente los principios integrativos de esos valores universales, con la realidad económica social y las formas y vías de su realización efectiva. El leninismo le abre una dialéctica de continuidad, cambios y rupturas que serían decisivas para su innovadora mirada marxista.

El nacionalismo revolucionario y antiimperialismo martianos se le revelan en toda su trascendente dimensión. Mella comprende al hombre que se adelantó a su tiempo, y supo ver como la independencia de Cuba pasaba por una definición ideológica acerca del papel nefasto de los Estados Unidos y en consecuencia, la necesidad de lograr la unión latinoamericana y caribeña contra su enemigo principal. Así llega a entender que el antiimperialismo martiano a la altura de la segunda década del Siglo XX, sólo sería viable si era anticapitalista, y que la ideología más avanzada para pensar el futuro era la comunista. Y fue totalmente consecuente con estos hallazgos (4).

La lectura de la trascendencia de Martí se completa en Mella con el magisterio de Carlos Baliño. Reconocido como activista marxista en el seno de los emigrados cubanos en Tampa y Cayo Hueso a fines del siglo XIX, Baliño entendió la magnitud y pertinencia de la tarea nacional liberadora de José Martí, y lo secundó en la fundación del Partido Revolucionario Cubana en 1892. En la república neocolonial, oligárquica y burguesa, que los Estados Unidos imponen contra la nación a partir 1902, el veterano marxista se dedicará a forjar la conciencia socialista y marxista en la naciente clase obrera, en lucha constante con las concepciones obreristas, anarquistas y anarcosindicalistas, que no consideraban el problema nacional. En tal misión una y otra vez recurriría a levantar el legado de Martí y de la emigración proletaria que fue base y sostén del Partido Revolucionario Cubano. No es casual que Julio Antonio conociera a Baliño en el local obrero del barrio centro-habanero de Cayo Hueso, fundado en 1912 por los tabaqueros cubanos repatriados

En la tradición de Baliño, Mella declaró a la clase obrera cubana de la época, heredera y continuadora de Martí, y defendió con tesón la línea del ideario democrático revolucionario martiano en los combates de los comunistas cubanos. Esta concepción será el nervio central de la Universidad Popular “José Martí”.

Martí posee una visión totalizadora sociocultural del devenir histórico y el presente de los pueblos (5) que se proyecta desde el Sur colonizado y representa una alternativa civilizatoria, que difiere del eurocentrismo que caracteriza a las teorías surgidas en el Viejo Continente, aspecto que el marxismo no pudo superar. Se destaca en tal contribución la definición martiana sobre la necesidad de asumir crítica y creadoramente el pensamiento más avanzado de la época que se vive, desde el saber también crítico y creador de las tradiciones culturales nacionales, y el valor de los estudios y la construcción histórica, como fuentes de formación de valores e instrumental político prospectivo, en función de la interpretación y transformación revolucionaria de la realidad social. Y este legado preparó a Mella para asumir el marxismo y el leninismo desde una postura creadora, opuesta a los dogmas y las asimilaciones miméticas de experiencias revolucionarias válidas en otras circunstancias.

Mella comprende el extraordinario paso dado por el hombre en el camino de su liberación con el triunfo de la Gran Revolución de Octubre, sin embargo, en su primigenio homenaje a Lenin afirma: “No pretendemos implantar en nuestro medio, copias serviles de revoluciones hechas por otros hombres en otros climas…” (6). La diáfana comprensión del problema del sujeto de la Revolución, le ratifica que para el nuevo mundo que abrieron Lenin y los bolcheviques “…lo principal son Hombres, es decir, seres que actúen con su propio pensamiento y en virtud de su propio raciocinio, no por el raciocinio del pensamiento ajeno”(7).

Julio Antonio Mella en 1924, con solo 21 años, llega de la mano de Martí, de manera inequívoca, al problema central que estaría en el centro de los debates, de las victorias y derrotas del movimiento comunista de América Latina y el mundo, hasta hoy: “La causa del socialismo en general,…es la causa del momento, en Cuba, en Rusia, en la India, en los Estados Unidos y en la China. En todas partes. El solo obstáculo es saberlo adaptar a la realidad del medio” (8).. Ningún otro dirigente comunista europeo, asiático o latinoamericano vio tan tempranamente este eje fundamental, determinante en toda la historia posterior del movimiento comunista. Lo seguiría José Carlos Mariátegui (1895-1930) en 1928, con su conocido: “No queremos, ciertamente, que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser creación heroica. Tenemos que dar vida, con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje, al socialismo indoamericano. He ahí una misión digna de una generación nueva”(9).

La fundación del Partido

Los días 16-18 de agosto de 1925, Mella participa en la fundación del primer Partido Comunista de Cuba (PCC). Fue delegado al Primer Congreso Nacional de Agrupaciones Comunistas por la Agrupación Comunista de La Habana y la de Manzanillo, que al no tener recursos económicos para enviar a sus representantes delegó en el joven. El hecho significativo de ser designado por la Agrupación Comunista de La Habana, donde militaban reconocidos luchadores del movimiento obrero, y aún algo más sorprendente, que comunistas como los manzanilleros, alejados de la capital, al otro extremo del país, también hicieran recaer sobre Mella su confianza, nombrándolo para representarlos, y su posterior elección como dirigente del PCC, nos ratifica lo enorme que era el prestigio alcanzado por joven líder del movimiento de la Reforma Universitaria.

Durante las sesiones del Congreso, Julio Antonio tuvo una activa participación en las discusiones y debates. Cumplió cabalmente la responsabilidad que se le dio -las secretarías Prensa y Publicidad-, y sobre todo se destacó por su modestia y honradez revolucionarias: preguntó lo que no sabía, discutió con fervor sus ideas, mostrando su capacidad de atender las opiniones contrarias a las suyas y aceptarlas cuando estas eran las más correctas. El Congreso fue para Mella una escuela, sus maestros, los revolucionarios más experimentados y, sobre todo, el comunista mexicano Enrique Flores Magón (1877-1954), representante del partido de su país y de la Internacional Comunista.

Los presupuestos programáticos aprobados en el Congreso, ratificaron los veintiún puntos aprobados en el Segundo Congreso de la Internacional Comunista (1920), y en tanto el Partido que nace asume su membresía como Sección de la Internacional Comunista. En el Congresos se fijan las demandas específicas de la clase obrera, los trabajadores y campesinos cubanos, como la jornada de ocho horas y no al pago en vales; el derecho al uso de todas las vías de comunicación controlados por los monopolios; la creación de un impuesto sobre el capital y la nacionalización de los servicios públicos. El nuevo Partido enarbolará la lucha contra la discriminación racial y apoyará los posicionamientos de las mujeres trabajadoras en el movimiento feminista.

El primer Congreso de los comunistas cubanos definió que la tarea principal de los militantes, era la de llevar las tesis revolucionarias al seno de las organizaciones de masa de los trabajadores y el pueblo, a los sindicatos y liceos, a los campesinas, la juventud y la intelectualidad. El PCC se propuso ampliar su impacto político desde el trabajo de base, y para ello incrementar la creación de células del Partido.

Mella fue elegido, con solo 22 años, miembro del Comité Central del PCC junto con su maestro Carlos Baliño de 77 años, cinco trabajadores y otro intelectual.

Lenin y Martí: una genuina articulación

La aprehensión del marxismo y el leninismo en Julio Antonio Mella estuvo condicionada al limitado y fragmentado conocimiento de las obras de los clásicos que existía en la época y el débil desarrollo de la filosofía y la sociología marxista al desaparecer sus más geniales creadores. Debido a ello y a las propias condiciones en que esta descollante figura desarrolló sus luchas, su visión del marxismo tiene las limitaciones comunes al movimiento comunista internacional de aquellos años, pero lo verdaderamente trascendente es como a pesar de esto, alcanzó una estatura teórica de notable relieve, original y coherente, eminentemente revolucionaria, dentro de la propia teoría y práctica revolucionarias de la época.

Hay en Mella un constante crecer ideológico y político. Sí a principios de 1925 Mella asume la Revolución Social como un “hecho fatal e histórico, independiente de la voluntad de los visionarios propagandistas”(10), en 1926 ya percibe que lo más importante es estar “capacitados para aprovechar el momento histórico” (11) y en 1927 comprende las alternativas que se avecinan y proclama en ruptura con esa visión “fatalista”, así afirma “que la liberación nacional y social no se nos concederá por misericordia” (12). Ya sobre 1928, el pensamiento de Julio Antonio ha madurado extraordinariamente, lo que se aprecia de manera nítida en la revisión que realiza, con vistas a una nueva publicación, de su trabajo de 1924, “Cuba un pueblo que jamás ha sido libre” (13). Gira mucho alrededor de la estrategia y las tácticas adecuadas de la revolución latinoamericana y, en particular para el logro de su desenlace positivo en Cuba.

De Lenin, con más pasión y certeza aún, reincorpora Julio Antonio Mella una definitiva lectura de Martí. En “Glosas al pensamiento de José Martí”, ensayo escrito por Mella en 1926, el joven pensador dejó testimonio de su profunda mirada sobre el legado ideológico y político del Apóstol. Este sería el primero y más medular ensayo sobre José Martí de la primera mitad del Siglo XX cubano.

La obra organizativa y el programa liberador e internacionalista del Partido Revolucionario Cubano, con sus bases proletarias en Tampa y Cayo Hueso, enriquecen su concepción revolucionaria de la Historia de Cuba y le demuestran las raíces precursoras de los ideales de justicia social e independencia nacional que enarbolan los comunistas. El democratismo revolucionario y la necesidad y el hacer organizacional martianos dentro de un partido político, su labor propagandística y periodística, el trabajo de masas, le dotan de esencias que confirman, la teoría y práctica partidista leninista, ya para el momento en camino de una empobrecedora esquematización burocrática.

En Mella se produce una genuina articulación del pensamiento martiano con el marxismo y el leninismo. Es que Mella incorpora el marxismo y el leninismo a la ideología revolucionaria cubana como programa de asimilación cognoscitivo, valorativo y práctico transformador de la realidad. Y comprende desde sus primeras incursiones teóricas al socialismo, que éste sólo puede funcionar en una cultura de manera histórico concreta, fundido con la herencia espiritual y práctico transformadora en la que se incluye. Así inició el controvertido pero vital camino, de identificar y reconocer en las obras de Marx, Engels y Lenin – así como en la Gran Revolución Socialista de Octubre y en los procesos revolucionarios del momento, en la India y China-, junto a sus extraordinarios méritos, lo estrictamente referido al pasado siglo XIX o comienzos del XX, lo ruso o asiático, de lo universal e históricamente trascendente. Esta claridad ontológica le otorga al joven líder cubano, una visión política novedosa frente a la mayoría de sus contemporáneos del movimiento comunista, que seguían acríticamente los puntos de vista y las orientaciones elaboradas por el Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética.

Mella comprende primero que muchos otros dirigentes comunistas la esencia del planteamiento de Lenin sobre el problema nacional en las condiciones de un país subdesarrollado y semicolonial. Ve con claridad que la ideología encarna los intereses de determinados sujetos sociales concretos, ante todo clasistas, pero su miraje no reduce el marxismo al estrecho análisis sociológico o económico que por entonces, dado el desconocimiento del conjunto de las obras y la vida revolucionaria de Marx, Engels y Lenin, predominaba. Precisamente el estudio de las tesis leninistas llevaría a Mella a fijar las limitaciones de la estrategia y la táctica de la Internacional Comunista en el ámbito latinoamericano; matizadas en conjunto, por un desconocimiento de la tradición y la cultura de nuestros pueblos, a lo que se sumaba la apreciación esquemática del proceso histórico y del movimiento revolucionario del área. Un punto cardinal será la defensa de la tesis de que la revolución socialista en los países coloniales y neocoloniales tenía que ser ante todo nacional, y definitivamente antiimperialista.

En 1926 Julio Antonio afirma: “La lucha contra el imperialismo de todas las fuerzas y tendencias es la lucha más importante en el momento actual… tenemos el deber de plantear el problema “nacionalista” para unos, el “social” para otros pero antiimperialista para todos” (14). A la crítica del mesianismo y de las propuestas pseudo revolucionarias de Víctor Raúl Haya de la Torre, fundador del APRA dedica en 1927 ¿Qué es el ARPA?, uno de sus principales trabajos teóricos sobre la revolución latinoamericana. Un año después (1928) Mariátegui en su ruptura definitiva con Haya de la Torre, confirmará los criterios del joven comunista cubano: “La revolución latino-americana, será nada más y nada menos que una etapa, una fase de la revolución mundial. Será simple y puramente la revolución socialista. A esta palabra agregad, según los casos, todos los adjetivos que queráis: «antiimperialista», «agrarista», «nacionalista-revolucionaria». El socialismo los supone, los antecede, los abarca a todos” (15).

El Partido

La militancia en el Partido de los comunistas vincula definitivamente a Julio Antonio Mella con el trabajo político diario, en el seno de la clase obrera y del pueblo. ¿Qué es un comunista? se preguntaría, para responderse: “El revolucionario sincero que acepta el programa del Partido y contribuye diariamente con su trabajo a realizarlo” (16).

Para Julio Antonio el Partido tenía entre sus más trascendentales tareas la de “construir la vanguardia inteligente del proletariado. Pues no “basta QUERER emancipase” había “que saber” hacerlo. Había que estar preparados para “comprender y dar satisfacción al anhelo justo de las multitudes” (17).

Para Mella tanto el “obrero inculto” –en el sentido de la instrucción educacional y la cultura política que necesita un revolucionario- como el intelectual reformista que no ha roto el puente que lo une a la burguesía, son sujetos que deben ser reeducados dentro del Partido. Y propone: “Enseñar a los obreros lo que es el socialismo como crítica, como organización, como ciencia, y pone al no obrero en contacto con la masa trabajadora, en la célula, en el comité, en la local, en el campo, en la distribución de propaganda. He aquí el trabajo que hará al partido verdadera vanguardia de la clase obrera y campesina”. Esta labor de crear trabajadores de la Revolución hará al partido fuerte y de un solo haz, irrompible en la lucha de hoy y capaz mañana de realizar su misión desde el poder” (18).

El estudio resulta para Mella una condición de principio. Sus compañeros recuerdan el especial cuidado que concedía a la preparación teórica. La preocupación de Mella y su círculo más cercano de amigos y colaboradores por el estudio de la historia y la teoría revolucionaria ayudó a su toma de partido y creó las sólidas bases de su sorprendente madurez teórica.

Mella privilegia la labor directa de los militantes persona a persona: “cada miembro del Partido debe ser un propagandista diario y eficaz”… El comunista que lo lleva un poco de convencimiento a alguien en los días que pasan entre junta y junta es un comunista inútil, una rémora (19).

Mella defendía una posición principista sobre la disciplina que partía de la concepción partidista leninista y se aleja diametralmente del autoritarismo, el voluntarismo y la negación de la democracia interna, que se instauró en el movimiento comunista internacional a partir del decisivo XIV Congreso del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética (1925). Junto a la defensa de la “necesidad de una dirección, de una disciplina…” (20), Mella postula también la necesidad “de un estudio, de un perfeccionamiento diario en la acción y la teoría, para servir mejor la causa”(21).

Resulta importante subrayar que Julio Antonio no asume el criterio de “funcionario” para el cuadro profesional del Partido, concepto creado por el liderazgo estalinista tras burocratizar la dirección del Partido y fundirla con el Estado. De la mano de Lenin aboga por la necesidad de la formación de los intelectuales orgánicos del proletariado, de “revolucionarios profesionales”, procedentes de las filas intelectuales y obreras, a los que define como “trabajadores de la revolución”. Nada es en Julio Antonio “funcional” a una jerarquía burocrática partidista.

La concepción de sometimiento y anulación del individuo, tanto en aras de la gran causa, como en la adoración al “gran líder” –a su vez transmutada en obediencia a los dictados de la burocracia partidista-, que paralizó el aporte de los sujetos colectivos en el diseño, la organización y evaluación del proyecto socialista soviético, sería fuertemente cuestionada por Mella. Así la imprescindible “unidad de pensamiento en el Partido” será para el joven líder un proceso de “creación” en el que participa toda la militancia y el pueblo revolucionario: “Esta labor-insistía- no es solamente del Comité Ejecutivo y de la redacción del órgano oficial del Partido, sino que ha de ser también obra de los locales del Partido, de las células en la fábricas, de los simpatizantes en general”(22).

Preservar el carácter de vanguardia lúcida, organizada y combativa del Partido Comunista, en la lucha revolucionaria; asegurar la solidez y unidad orgánica e ideológica de su militancia y organizaciones; y el cuidar y profundizar constantemente la estrecha vinculación de los comunistas con las masas, con su sentir y necesidades históricas; constituyen las tres ideas centrales que recorren la concepción de Mella sobre el Partido.

Mella, teoría y praxis

El recorrido político ideológico de Julio Antonio Mella desde las posiciones del romanticismo antiimperialista hasta las de serio y persistente luchador comunista, es el fruto de una comprometida visión martiana del mundo y de la Revolución, que el joven líder supo articular con la teoría científica, la metodología y el instrumental, creado por Carlos Marx, Federico Engels y Vladimir Ilich Lenin. En Mella se expresan las doctrinas básicas de la ideología de la Revolución Cubana: acerca de la independencia nacional, el antiimperialismo, el latino americanismo, la emancipación social y la dignificación del hombre.

Mella construye teoría revolucionaria, precisa y define el lugar, el papel y la naturaleza de nuevo tipo del Partido Comunista martiano y leninista que necesita la Revolución, y lo piensa tanto para que cumpla su tarea inmediata de la toma del poder, como en la perspectiva de las misiones des enajenadoras y constructivas que se acometerán tras el triunfo de Revolución Socialista. La riqueza de su aporte resulta vital en la impostergable y urgente tarea de pensar el socialismo que queremos y podemos construir, en la misión de fortalecer el Partido de la Revolución, martiano, marxista, leninista, comunista.

Julio Antonio Mella reconoce el papel de las ideas en la lucha y al mismo tiempo señala la necesidad de la acción concreta. En sus Glosas martianas, junto a las trincheras de ideas -en perfecta consecuencia- sitúa las trincheras de piedras. La vinculación entre teoría y práctica, entre la idea y la acción, constituiría para Julio Antonio Mella la clave de la transformación social y este es el mensaje que trasladó a sus contemporáneos, y a quienes hoy peleamos el socialismo.

La práctica del hacer revolucionario, el trabajo concreto de masas, la articulación y la madurez de los sujetos y las personalidades resultarán decisivas. No siempre una buena teoría halla la oportunidad histórica, la inteligencia y audacia de sus promotores, la debilidad operacional de las resistencias. Julio Antonio Mella comprendió esta realidad y con agudeza proclamaba: “donde cambia el aspecto de la cuestión es cuando hay que practicar las frases. Entonces se da uno cuenta del gran abismo que va de la realidad a la teoría” (23). Los esfuerzos del fundador cubano por poner en práctica los criterios más revolucionarios, el cómo enfrentó y venció las contradicciones dentro de las propias filas del movimiento comunista de la época; conforman una historia que merece ser más conocida, y a la que dedicaremos otra entrega.

Notas

  1. Julio Antonio Mella: Editorial de “Juventud”, en Mella: Documentos y Artículos. La Habana : Editorial de Ciencias Sociales, 1975. p. 79.
  2. Falleció el 21 de enero de 1924.
  3. Ver: Isabel Monal: “José Martí, del liberalismo al democratismo antimperialista. Revista Casa de las Américas, La Habana, Año XIII, N. 76. Enero-febrero, 1973.
  4. Fernando Martínez Heredia: “Los dilemas de Julio Antonio Mella, Rebelión, http://www.rebelion.org 30-05-2005.
  5. Ver. Olivia Miranda: Historia, Cultura y política en el pensamiento revolucionario martiano. La Habana : Editorial Academia, 2002.
  6. Julio Antonio Mella: “Lenine coronado”, en Mella: Documentos y Artículos. Ob. cit., p. 87.
  7. Julio Antonio Mella: Lenine coronado”, en Mella: Documentos y Artículos. Ob. cit. p. 88
  8. Julio Antonio Mella: “Los Nuevos Libertadores”, en Mella: Documentos y Artículos. Ob. cit. p. 124.
  9. José Carlos Mariátegui: “Aniversario y Balance”, en Amauta Año III, No 17. Lima, setiembre de 1928.
  10. Julio Antonio Mella: Cuba un pueblo que jamás ha sido libre”, en Mella: Documentos y Artículos. Ob. cit. p. 182.
  11. Julio Antonio Mella: “Carta a Sarah Pascual”, en Mella: Documentos y Artículos. Ob. cit. p. 257.
  12. Julio Antonio Mella: “Mensaje de Mella a los Estudiantes”, en Mella: Documentos y Artículos. Ob. cit. p. 279.
  13. Ver ejemplar de “Cuba, un pueblo que jamás ha sido libre”. Imprenta El ideal. Federación de Torcedores. 1925, en Archivo del Instituto de Historia de Cuba (AIHC), La Habana, Fondo Primer Partido Comunista de Cuba, PE, 2.1/1/8/1-22.
  14. Julio Antonio Mella “Carta a Gustavo Aldereguía”, en Mella: Documentos y Artículos. Ob. cit. p. 259.
  15. José Carlos Mariátegui: “Aniversario y balance”, Ob. cit.
  16. Julio Antonio Mella: “Nuestras enfermedades infantiles”, en Mella: Documentos y Artículos. Ob. cit. p. 427.
  17. Julio Antonio Mella: “Mensaje a los compañeros de la Universidad Popular”, en Mella: Documentos y Artículos. Ob. cit. p. 229.
  18. Julio Antonio Mella: “Nuestras enfermedades infantiles” en Mella: Documentos y Artículos. Ob. cit. p. 428
  19. Julio Antonio Mella: “Nuestras enfermedades infantiles”, en Mella: Documentos y Artículos. Ob. cit. p. 427.
  20. Julio Antonio Mella: “Nuestras enfermedades infantiles”, en Mella: Documentos y Artículos. Ob. cit. p. 427.
  21. Julio Antonio Mella: “Cursillo para corresponsales”, en Mella: Documentos y Artículos. Ob. cit. p. 290.
  22. Ident. ant.p.288.
  23. Julio Antonio Mella: Proletarios de todos los países, uníos…”, en Mella: Documentos y Artículos. Ob. cit. p. 200

*Doctor en Ciencias Pedagógicas. Profesor e investigador. Presidente en La Habana, de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba (UNHIC).

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Mella: Ese muchacho sobre la hierba

Publicado en Homenajes fecha Marzo 25th, 2013

¿Desde cuándo Mella formó parte de mi imaginario paradigmático? Tal vez desde los días juveniles en los que, antes que el legendario revolucionario, nos atrajo el guapo joven que derrochaba fuerza y carisma… Luego, en mis días de estudios pedagógicos, nos llegó su pensamiento y su acción revolucionaria, y creció su figura… y ningún homenaje me pareció más digno que verlo primero junto a Camilo y luego junto al Ché, en la simbólica imágen de nuestras juventudes comunistas… Hoy, no encuentro homenaje mayor a su figura que este texto de una de las periodistas cubanas que más admiro, desde mucho antes de estas lides en la web:

Ese muchacho sobre la hierba

Por Alina Perera

DSC01796Hay una imagen fotográfica de Julio Antonio Mella que resulta, para mí, la más bella de todas las que conozco de él. Está fechada en 1928. Es él acostado sobre la hierba, con los ojos cerrados, con el torso desnudo y un brazo delicadamente extendido hacia delante, por cuyo gesto queda una axila al descubierto y se produce una revelación finísima de la textura de la piel y las vellosidades que la pueblan.

Son las mismas pestañas conocidas, el brillo en el mentón firme y en el pelo ensortijado. Son los mismos labios delineados y carnosos. Pero la pose sobrecoge: es la belleza serena y desplegada, y la prueba de que un revolucionario tan intenso y fecundo, tan intransigentemente plantado en su antiimperialismo y amor patrio, no concebía una vida mejor, un mundo futuro, sin la premisa de lo bello como derecho legítimo, no como herejía o detalle suntuoso.

Así lo dije hace algún tiempo. Porque de Julio Antonio, nacido el 25 de marzo de 1903, siempre me ha deslumbrado cómo es que la profundidad, el compromiso más recto, no estuvieron en contradicción con el amor por la vida, y por todo lo hermoso que esa vida pudiera entrañar.

Un testimonio dejado para la posteridad por un profesor universitario que conoció al excepcional comunista nos lo muestra como una persona equilibrada, con un apetito envidiable, y con una excelente salud. También se sabe que era alegre, entusiasta, amante del deporte, que hablaba como abrazando, que siempre buscaba el tiempo para leer, que era sumamente sensible y que, como su pasión era la justicia, defendía sus ideas con fuerza que podía llegar a ser telúrica.

En una frase preciosa y breve, el intelectual cubano Alfredo Guevara describió a Mella durante la inauguración de una exposición fotográfica en La Habana (entre cuyas imágenes —todas tomadas por Tina Modotti— estaba la que he mencionado): «Fue un mago: en poquísimo tiempo hizo de todo. Construyó estructuras de lucha antiimperialista; participó del apoyo a Sandino; fundó la FEU y el Partido Comunista, participó de la I Internacional… Y no duró nada, pero eso que duró vale por mil años».

En Julio Antonio, en ese muchacho que vivió como quemándose en pos de un afán liberador, que descubrió y entendió a Martí como pocos, encontramos camino hacia nuestras raíces, y también sentidos para continuar una lucha proyectada al futuro. Hay que volver a él; estudiarlo con paciencia. Hay que subrayar su exhortación a que fuésemos seres pensantes, no seres conducidos, porque esa convocatoria adquiere un tono particular en la Cuba actual tan necesitada de creatividad, de verdades compartidas, de propuestas y audacias nacidas desde cada uno de nosotros.

Hay que volver a él, a su gusto por lo poético, a su entusiasmo, a su capacidad de amar, a su pudor (palabra que habla de las sutilezas del alma y que algunos han intentado desterrar del mapa social mientras ostentan cualquier cosa, ya sea un rasgo físico o una posesión material).

Julio ofrece claves sobre una belleza redonda: se puede defender una gran causa sin que ello implique chatura, aburrimiento, falta de pasión o falta de elegancia. Se puede ser un enamorado de lo grande, suerte que solo será posible si antes se vivió un enamoramiento por múltiples jornadas pequeñas, por diversos detalles, por anhelos cotidianos y tangibles que condimentan la vida misma del día a día.

«Te quiero, serio, tempestuosamente. Como algo definitivo». Vuelve como una ola, desde el pasado, la declaración amorosa del gran luchador a su última novia, Tina Modotti. Se nos ha quedado esa frase en el corazón, casi como bandera, porque en esa capacidad de amar encontramos la sustancia del hombre grande, encontramos la certidumbre y la decisión de entregarse: virtudes cardinales para seguir haciendo el mundo que soñamos y que nos urge.

Fuente Juventud Rebelde

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Un cubano de pura cepa

Publicado en Homenajes, Obituarios fecha Marzo 20th, 2013

Un cubano de esos que el destino llevó a crecer más allá del Malecón, me escribía dolido de que se mencionara a Aruca como alguien “de origen cubano” cuando “Aruca era cubano, coño. Por eso, se jugó la vida defendiendo a la patria en Miami… No se trata de detallar la doble ciudadanía de Aruca. Ni tampoco el hecho de su “origen”. Se trata de destacar que ha muerto un patriota. Un cubano de pura cepa”.

Creo que mi amigo, allá a lo lejos, se habrá sentido contento cuando leyó las sinceras y emocionadas palabras de nuestro Alarcón: “falleció un ser admirable quien, entre sus muchas virtudes hizo sobresalir siempre una cubanía a toda prueba”.

A mí me deja el doloroso sabor de lo no logrado… del abrazo que sabía le daría, -como a Andrés Gómez, como a Pepe Pertierra- cuando finalmente pudiera conocerlo más allá de esta pequeña pantalla… Por eso, y porque siento el orgullo de haber sido su compatriota, quiero reunir estos dos trabajos sobre este “Cubano de pura cepa”:



Adiós Aruca

Por Germán Piniella, Progreso Semanal
Conocí a Francisco González Aruca, o Aruca, como le llamaba casi todo el mundo, o Pancho, como le decían en broma y en serio algunos de sus amigos más íntimos, o Tito, para su entrañable Manuel Alberto Ramy, por medio de este, el editor de la versión en español de Progreso Weekly/Semanal. Ambos eran amigos desde que estudiaron en el colegio de Belén, en donde yo también había sido alumno en una época anterior a la de ellos. En realidad, Ramy y Aruca eran más que amigos. Se decían “hermano” uno al otro, no con el sentido hiperbólico de casi todos los cubanos, sino con un sentido más profundo que si el lazo fuera de relación sanguínea. Estaban unidos por mucho más que por un padre y/o una madre común y es a Ramy a quien debo agradecer habérmelo hecho conocer en toda su dimensión.
Primero mi relación con Aruca fue festiva –algunos almuerzos, unas accidentadas vacaciones familiares en la playa, mucho vodka en conjunto, y comidas en casa, donde mi esposa Amelia le complacía su gran apetito por los tostones o chatinos. Nuestro vínculo profesional fue de bastante después, de la década de 1990, cuando surge primero Radio Progreso Alternativa, su programa de radio, y la página Web del programa, que a insistencia de Ramy, y mía en mucha menor medida, se convirtió en el semanario digital Progreso Weekly/Semanal. Fue entonces cuando por mi trabajo en la revista comencé a conocer a un Aruca diferente, no en el sentido de ajeno al anterior, sino en otro espacio, el de la política.
No voy a escribir aquí toda su trayectoria. Sus posiciones son bien conocidas por sus amigos y sus enemigos, como también es bien sabido su coraje personal al adoptar a plena conciencia actitudes públicas que ponían en peligro su vida y su negocio en Miami. La verdad es que las noticias y comentarios que hacía Aruca en su programa eran una provocación ponderada, a sabiendas de que la respuesta del enemigo podría ser –como fue en más de una oportunidad– un bombazo o una amenaza de muerte. Para él, el amilanamiento era tan ajeno como rechazar un chatino. Tenía que decir la verdad de Cuba. Y no era por irresponsabilidad o por valentía temeraria, sino porque, conociendo a Aruca, no podía ser de otra manera. Su total amor a Cuba lo impulsaba a defenderla, incluso de sus errores.
Aruca fue, además, uno de los más genuinos cubano-americanos que he conocido. No lo era solamente porque a pesar de haber nacido en Artemisa, desde muy joven marchó a Estados Unidos por razones que eran parte de su vida, obtuvo un título universitario, se integró a esa sociedad, conoció el amor verdadero, se caso con Ann y tuvo tres hijos. Lo digo porque hablaba indistintamente como alguien nacido allá sin nexos con esta tierra, que como si nunca hubiera salido de Cuba. Recuerdo que cuando comenzaba en Miami su lucha y la de otros por defender a la Revolución y se veía algún rayito de luz por un resquicio, Aruca me dijo un día: “Esto es bueno, pero la pelea la vamos a ganar cuando tengamos a nuestros propios congresistas”. Su idea de “vamos a ganar” estaba dicha a partir de su honda esencia cubana. No decía “Cuba va a ganar”, sino “vamos”. Y por otra parte, aseguraba que era necesario tener “nuestros propios congresistas” desde su eterna creencia optimista en los ideales de la filosofía política norteamericana, aunque no en la mayoría de sus políticos que él sabía a qué intereses respondían.
Crítico agudo de esa sociedad, era conocedor de los intríngulis del mundillo de Washington, y hablaba de esos problemas como de los nuestros –de él y de nosotros– como un revolucionario más que lucha, se alegra de éxitos y sufre fracasos.
Aruca fue querido y admirado, provocó en sus enemigos –los enemigos de ambos– el odio y el insulto. Ahora, como celebran la muerte de todos los justos, algunos de ellos deben estar aplaudiendo su muerte, para contento de Aruca y sus amigos. Pero, como dice un conocido mío, y para cumplir los deseos de Tito de que no haya gente triste en su funeral, a esos enemigos “el culo les salió por la tirata”, porque Aruca es más recordado que nunca, más amado que nunca y está más presente que nunca. Él es un imprescindible.
Por eso, quiero enmendar el título de estas líneas, y para ser totalmente consciente de su vida y de su obra, que se perpetúa en Progreso Weekly/Semanal, en vez de Adiós, debo decir Hasta Siempre. Él estaría de acuerdo.
Fuente: http://progreso-semanal.com/ini/index.php/cuba/6654-adios-a-aruca
Chao Aruca
Por Hernando Calvo Ospina, Rebelión
He dejado pasar unos días para escribir de Aruca. Sí, sobre Francisco González Aruca, un cubano de nacimiento, y “americano por amor a Anita, mi mujer americana. ¡Es que uno enamorado…!”
El empresario y periodista Aruca murió el pasado 6 de marzo, en Denver, Colorado, de un ataque al corazón mientras dormía. Tenía apenas 72 años. “Si los terroristas y mafiosos de Miami no me han matado aún, es porque la muerte me quiere agarrar en la cama”, me dijo la última vez que nos encontramos. Fue en Bruselas, creo que en 2007. El comentario me lo hizo en un restaurante, al que yo lo había llevado a cenar luego de qué él me confesara: “Ya di la conferencia que me pidieron en esta Universidad, contesté 40 preguntas, ahora ayúdame a fugarme que no estoy para más debates con intelectuales. Vamos a reírnos de cosas importantes. Se me arruga la cara de tenerla tan seria.” Como yo estaba de acuerdo con él, pues lo saqué por la puerta trasera, y terminamos cenando en un restaurante griego.
Entre cucharadas y vinos propuso hacerme una entrevista para su programa en Radio Progreso, de Miami. El problema es que yo también quería entrevistarlo. Por las vías normales no nos pusimos de acuerdo sobre quien entrevistaba al otro, entonces pedimos otra botella de vino e hicimos un compromiso: al que le tocara el último trago sería el entrevistado. Me ganó, pero creo que con trampa. No hubo entrevista, pues estábamos en un tal ataque de risa por las anécdotas que decidimos olvidarnos de ello.
Desde que supe de su muerte estuve tratando de calcular cuántas veces pudimos hablar seriamente de temas políticos, en las cuatro veces que nos encontramos (dos en Miami, una en Cuba y otra en Bruselas). No sumé una hora.
Cuando lo encontré la primera vez en Miami, creo que en 1997, me recibió en su casa. Era inmensa, rodeada de altos muros, cámaras de seguridad, un hermoso césped y piscina. A los pocos minutos ya intercambiábamos chistes y anécdotas, como si fuéramos viejos conocidos. Debido al ambiente que él mismo estableció, me permití provocarlo. Le pregunté si era cierto lo que decían en Miami, que Fidel Castro le había financiado semejante casa: “Trata de que Anita no te escuche, pues se le acaba lo calmada que es, y como mínimo te bota de aquí, pero antes te tumba los dientes, y yo no te voy a defender”, me dijo en voz baja.
Aruca, de estudiante y viviendo en Cuba, fue contrarrevolucionario. “Es que yo conspiraba contra el comunismo. Yo era de izquierda, pero producto de una educación católica. A nosotros nos habían enseñado los jesuitas que el comunismo era intrínsecamente perverso. Esa era la frase.” Y me contó la anécdota que rompió el formalismo de la entrevista, y la “culpable” de que después casi nunca pudiéramos hablar seriamente:
“Que quede en claro que yo era un contrarrevolucionario de izquierda. Por eso, un día, conspirando en Cuba, conversaba con un amigo. Y éste era, más o menos, el diálogo. Yo le preguntaba:

- Oye, ¿estamos en contra de la reforma agraria?

- No, aunque de pronto los detalles no nos gustan, pero es necesario que el campesino tenga tierras.

- ¿Estamos en contra de la nacionalización de empresas americanas?

- No, los americanos ten í an mucha influencia aquí y eso había que pararlo.

- ¿Estamos en contra de la reforma urbana?

- No, los alquileres no hay que pagarlos.

- Entonces , ¿¡por qué estamos conspirando!?

- Porque esto es comunismo, ¡chico!

- Coño, verdad, ¡si no fueran comunistas estaríamos con esta gente! (1)

El 5 de enero de 1961 Aruca cayó preso, y condenado a 30 años de cárcel. No duró mucho encerrado, pues se fugó. “Cuando regresé a Cuba en 1978, dentro de una propuesta del gobierno de Cuba conocida como “Diálogo”, Raúl Castro quiso saber cómo me les había escapado. Entonces le conté. Es que como soy tan bajito, y en esa época era flaquito y más feíto que ahora, me entraron una ropa, me la acomodé y pasé por la puerta como si fuera un adolescente que hacía visita. Luego me metí a la embajada de Brasil, Cuba dio el salvoconducto y me fui.” Antes de llegar a Miami pasó por Ecuador y Colombia.
No supe si en ese tiempo ya se reía tanto, lo cierto es que sí tenía metas claras para avanzar en la vida. En vez de quedarse en Miami soñando con tumbar la revolución, en 1963 se marchó a Washington a estudiar a la Georgetown University. Lo que ganaba trabajando en hoteles no le alcanzaba para sobrevivir y estudiar, por tanto acudió a préstamos estatales. Al obtener el título de economista en 1968 debía 10 mil dólares. Dos años antes se había casado con Ann Potts.
“Yo no sé qué me vio Anita, porque feo sí era. Y además insistía en quererme. Pues sólo por amor se hace lo que ella ha hecho. Imagina que con unos amigos y siete mil dólares creamos en Nueva York una empresa de viajes hacia Cuba: Marazul Charter. Eso fue en 1979, en plena guerra fría. ¡Una locura! Y Anita ahí. Lo peor vino en 1986: trasladamos la oficina al mismo centro de la mafia y la contrarrevolución: Miami. Creo que ella estaba más loca que nosotros, pues no puedo decir que me siguió: me empujó.”
En Miami ningún medio de prensa hispano quiso pasar la publicidad de Marazul. “Por puro miedo, o por ser contrarrevolucionarios.” Entonces Aruca decide alquilar un espacio en Radio Unión, y el empresario también se vuelve comentarista político. “Había necesidad de crear opinión, que la gente recibiera un mensaje diferente al que envenenaba a esa ciudad. Entonces llegaron toda clase de insultos y amenazas, hasta que atentaron contra las cuatro sedes de la empresa.” Aruca no se amedrenta, y por el contrario abre otro espacio en Radio Progreso, en 1991. “Hubo un tiempo en que andaba con guardaespaldas, pero decidí que no era justo que los asesinaran conmigo en un atentado. Por eso decidí andar solito, aunque acompañado de una pistola como esta.” Y me muestra un arma que más parecía una mini-metralleta. “No puedo decir que han hecho algo contra mí. Aunque sí, un día quisieron atentar contra mi integridad de manera indirecta: un “borracho” se tropezó voluntariamente conmigo y me derramó una cerveza. Yo me quedé tranquilo ante la provocación. Aunque luego me llegó una preocupación: qué iría a decir Anita cuando sintiera ese olor a alcohol sobre mi ropa.”
En el 2006 nos encontramos en La Habana durante un acto público. Charlábamos animadamente de cualquier tema lejano a la política, cuando él se dio cuenta de que habían varios altos dirigentes cubanos a nuestro lado. Entonces Aruca cambió bruscamente el tema para preguntarme mientras los miraba: “¿Cuántos micrófonos y cámaras te tienen en el hotel?” “No me he dado cuenta, pero creo que no hay”, le respondí. Y pasó a contar a toda voz y con estruendosas risas, que cuando había regresado en 1978 se había hospedado en el Habana Libre. “Y caí en cuenta de que en frente de mi cama había un espejo grande. Yo me levanté y empecé a inspeccionarlo. Le hablaba, le pedía a alguien que dejara de estar mirándome porque en calzoncillos debía de ser horrible.”
En Bruselas, la última vez que compartimos anécdotas, me dijo casi al oído: “te van a botar de Francia por traicionarlos, por estar tomando vino griego. Pero tranquilo, yo no lo diré. Cuenta con mi discreción. Eso sí, tú debes guardarme otro secreto: yo no sólo tomo ron cubano. Cuando se me va acabando la última botella de ron cubano que logro entrar de contrabando a Estados Unidos, compro ron de un país centroamericano que también es muy bueno. Pero guárdame el secreto pues si lo cuentas quizás no me dejen entrar de nuevo a Cuba.”
Entonces se murió Aruca, después de haber dado batallas con corazón y piel de héroe en la capital mundial de la intransigencia, de la contrarrevolución y de la mafia. Batallas por la verdad. Uno de sus tres hijos, Daniel, recordó las palabras pronunciadas por Aruca al describir su vida: “Si muero mañana, sé que he vivido una vida plena y que duré mucho más de lo que nadie esperaba.”
El ex presidente de la Asamblea Nacional de Cuba, Ricardo Alarcón escribió sobre él: “Quizás algunos piensen que desapareció allá lejos en el corazón de un país que no era el suyo. Se equivocan. Volvió a romper sus ataduras para avanzar libre y sonriente hacia el sol. Aunque él no quisiera sospecharlo Francisco González Aruca era un gigante. Y, algo que Aruca sí sabía, él era nuestro, y con nosotros, con su pueblo, con su Patria, irá siempre.” (2)
Al leer esas letras de Alarcón, me dije que ya podía romper el secreto de que a veces tomaba ron no cubano, pues al fin y al cabo por todas las orillas que rodean a Cuba lo iban a dejar entrar. Conmigo es que ha quedado mal: en este mundo ya no nos encontraremos para probar ese ron, como nos lo habíamos ofrecido.
Chao Aruca.
NOTAS:
H. Calvo Ospina y Katlijn Declercq . “ Disidentes o Mercenarios ”. Vosa – Sodepaz , Madrid, 1998.
http://progreso-semanal.com/ini/index.php/cuba/6669-aruca-siempre
(*) Hernando Calvo Ospina es periodista y escritor colombiano, residente en Francia y colaborador de Le Monde Diplomatique. Su página web: http://hcalvospina.free.fr/
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=165458&titular=chao-aruca-

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