La Polilla Cubana

Con opiniones y noticias sobre Cuba y el mundo

Archive for Enero 19th, 2010

La reconstrucción de Haití y los misioneros del fusil y de la chequera

Posted in Caribe on Enero 19th, 2010

Por José Antonio Gutiérrez D.

El pueblo haitiano y los pueblos que nos hacemos solidarios de él, no podemos menos que enfrentar a los que quieren utilizar la tragedia para reconstruir al Haití de la ocupación militar, para reconstruir al Haití de las “maquilas” y de los campos desolados, al Haití donde se comen galletas de barro y donde los makoutes [20] todavía son amos y señores de las calles en las principales ciudades. No queremos reconstruir el Haití del turismo sexual, ni el Haití de la oligarquía neo-duvalierista, ni el Haití del analfabetismo crónico. Ni tampoco nos interesa el Haití donde los niños mueren antes de ser hombres o mujeres por toda clase de enfermedades previsibles. Ese Haití es el que quieren reconstruir los misioneros del fusil y la chequera. Ese Haití, el Haití que describe la demencial “geografía” de Eduardo Galeano, ojala quede sepultado para siempre.

el-_orden_-se-impone-en-las-calles-de-puerto-principe.jpg

El “orden” se impone en las calles de Puerto Príncipe


“La geografía”
En Chicago, no hay nadie que no sea negro. En pleno invierno, en New York, el sol fríe las piedras. En Brooklyn, la gente que llega viva a los treinta años merecería una estatua. Las mejores casas de Miami están hechas de basura. Perseguido por las ratas, Mickey huye de Hollywood.
Chicago, New York, Brooklyn, Miami y Hollywood son los nombres de algunos de los barrios de Cité Soleil, el suburbio más miserable de la capital de Haití”
Eduardo Galeano

La “Misión Civilizadora” de Estados Unidos en Haití 

“Las pandillas están en control ahora” dicen los titulares de algunos diarios amarillistas sobre la desesperante situación en Haití, país que colapsó completamente con el terremoto de la semana pasada [1]. Mientras los medios de comunicación de masas nos alimentan con una dieta de notas histéricas sobre un país supuestamente a merced de bandas criminales que aterrorizan a los pobres ciudadanos y que ponen en peligro los esfuerzos humanitarios de occidente, la realidad bien pareciera ser otra. Cierto es que unos 3.000 reos se fugaron de la cárcel de Puerto Príncipe luego de su colapso, muchos de los cuales, son de bastante peligrosidad habiendo sido formados en la escuela de las pandillas de los suburbios de EEUU.

Cierto es que ha habido algunos enfrentamientos con elementos de la fuerza pública y de la ONU debido a la natural exasperación de los ciudadanos que ven la ayuda bloqueada por una red de ineficiencia e indolencia [2]. Estos enfrentamientos, sin embargo, parecen haber sido más bien acotados y restringidos, y aparte de ser perfectamente entendibles en el contexto de abandono absoluto en que se encuentra la población, han sido magnificados por los medios de prensa: el sentimiento que parece reinar en la población es la solidaridad [3]. 

No creo, en lo personal, que esta histeria mediática sea tan inocente o mero amarillismo. Precisamente en los momentos en que estos artículos ocupan las portadas de la prensa norteamericana y europea, están empezando a llegar en auténticas hordas las tropas norteamericanas del contingente de 10.000 militares del Comando Sur que Obama ha decidido enviar a Haití, supuestamente, como parte de los esfuerzos humanitarios de la “comunidad internacional”. Sin embargo, apenas pisando suelo haitiano el día Sábado 16 de Enero, han comenzado a advertir que su rol podría ir más allá de las labores puramente humanitarias y que, atendiendo el llamado de los haitianos, podrían comenzar a hacerse cargo de la seguridad [4]. Este rol de EEUU en la “seguridad” ya ha sido abiertamente asumido [5], a lo que se suma su control del aeropuerto de Puerto Príncipe, cedido por el gobierno títere de Préval. No sería de extrañarse que esto fuera un primer paso para la ocupación de puertos y otros centros estratégicos de las comunicaciones [6]. 

 

Obviamente, todo esto pareciera ser hecho como parte de un esfuerzo internacional humanitario. Es necesario ese pie de fuerza para disciplinar a los salvajes que se matan por un paquete de arroz. Lo cierto es que todas las intervenciones imperialistas se han mostrado desde siempre con ropajes humanitarios. Jamás un gobierno imperial ha ocupado, saqueado o bombardeado un país argumentando el derecho del más fuerte. Haití se encuentra a las puertas de Florida y el corazón del Tío Sam se conmueve de ver tanta barbarie en sus narices. 

Esto no es algo nuevo: en 1915 también el caos se apoderó de Haití y el “benefactor del Norte” debió intervenir para contagiar un poco de civilización a ese pueblo enardecido. Esa otra intervención “humanitaria” se debió a que, durante una de las frecuentes rebeliones haitianas, el dictador Jean Vilbrun Guillaume Sam debió refugiarse en el consulado francés, desde donde fue sacado por una turba demencial que lo linchó, desmembrándole y llevando en una macabra procesión restos de su cuerpo por toda la capital. Ante tanto horror, los EEUU se vieron llamados a cumplir con su misión “civilizadora”, tras lo cual procedieron a ocupar ese país desde el día siguiente del linchamiento hasta… ¡1934!  

Escarbando un poco la superficie de ese relato “oficial” uno encuentra que hay varios elementos que no cuadran con la versión “humanitaria” oficial de la ocupación. Rara vez se menciona, que el dictador linchado era un aliado cercano de EEUU, que en el contexto de la Primera Guerra Mundial, buscaba reforzar los intereses norteamericanos en contra de los intereses de Alemania, país que se habían abierto un importante espacio en Haití, controlando gran parte de su riqueza (comercio, operaciones financieras, etc.). Tampoco se menciona el interés geoestratégico de consolidar su “patio trasero” después de lograr una hegemonía absoluta tras la guerra de 1898 contra España. Mucho menos se menciona que el dictador había ordenado el día anterior de su asesinato la masacre de 167 presos políticos. Tampoco se menciona, que entre las medidas tomadas por la potencia “civilizadora” se encontró el manejo del sistema bancario haitiano, el control de su sistema de aduanas y la imposición de una Constitución en 1919 que permitió la adquisición de tierras en territorio haitiano por extranjeros y otras medidas favorables a los intereses del gran Capital, lo cual pavimentó el camino a la agroindustria de los EEUU. Tampoco se dice que para construir infraestructura se redujo a los haitianos a una forma de esclavitud llamada corvée. Y mucho menos se mencionan los efectos de esta ocupación: la formación de un ejército que desde el retiro de las tropas estadounidenses hasta su disolución en 1995 no se dedicaron a otra cosa que a masacrar civiles y fomentar dictaduras; una economía en extremo atrofiada, moldeada por los más estrechos intereses del capital extranjero; y la creación de un Estado extremadamente centralizado que sentó las bases para la posterior dictadura duvalierista [7]. 

Todo esto, claro, en nombre de restaurar la “paz y el orden”. Ahora, nuevamente, se sienten llamados a cumplir con su “misión civilizadora”. Nos recuerda la secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton, que su trabajo no pretende suplantar al gobierno haitiano, sino que a apoyarlo. Sin embargo, decisiones arbitrarias tomadas por las fuerzas de ocupación estadounidenses al mando del aeropuerto, están retrasando la preciosa ayuda humanitaria en lugar de hacer más expedita su distribución, lo que ya ha costado más de una protesta de otros actores internacionales [8]. Dicho sea de paso, mientras se retrasan los aviones con ayuda médica, jamás se ha retrasado uno sólo de los vuelos militares –lo que da una aproximación a la idea de “ayuda” manejada por los EEUU. Sea como sea, esta crisis que permite a los EEUU reforzar su presencia militar en la región Caribe les cae como anillo al dedo, precisamente, cuando han reactivado la Cuarta Flota y convertido a Colombia en una plataforma militar de alcance hemisférico. 

Por otra parte, no son solamente los EEUU los que se sienten llamados a “civilizar” a Haití. De un tiempo a la fecha, todo el mundo se cree con derecho a esta tarea. Pero aún están aquellos que dividen las ocupaciones militares, de manera un tanto maniquea, entre las ocupaciones “buenas”, a cargo de la ONU, y las ocupaciones “malas”, a cargo de EEUU. No podemos olvidar que Haití es un país que está bajo ocupación militar desde el 2004, bajo una misión de cascos azules conocida como la MINUSTAH, cuyo supuesto objetivo era estabilizar a Haití luego del golpe de Estado en contra del presidente Jean Bertrand Aristide [9]. Esta misión de la ONU ha fracasado en “estabilizar” a Haití, pero ha sido bastante exitosa en consolidar el predominio absoluto de una minúscula oligarquía nacional neo-duvalierista [10], en establecerse como el ejército de facto de la dictadura post-golpe, en asesinar a opositores del régimen, en aterrorizar cualquier forma de protesta y en incurrir en toda clase de abusos en contra de la población local, incluidos numerosos casos de abuso sexual [11]. También esta misión ha demostrado ser bastante ineficiente a la hora de realizar tareas humanitarias, como lo demostró la pasada temporada de huracanes [12]. Es para nosotros una incógnita entonces saber en qué medida puede representar una “ayuda” al pueblo haitiano el anuncio de 3.500 nuevos efectivos de MINUSTAH hecho por Ban Ki Moon (2.000 soldados y 1.500 policías)[13]. Al hambre de pan, parece que es buena la dieta de plomo. Se sigue, de esta manera, con la misma lógica de tratar al pueblo haitiano como si fuera un perro hidrofóbico que hay que mantener a raya. 

La “Misión Humanitaria” de los Organismos Financieros Internacionales en Haití 

Mientras tanto, el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha anunciado que facilitará U$100.000.000 a Haití [14], con palabras que también nos dan a entender que ellos igual sienten una suerte de “misión” para con Haití. Pero (y en estas cosas siempre hay un pero) estos fondos se sumarían a la deuda que Haití ya tiene acumulada con ese organismo y aún no están claras las condiciones que se exigirán a Haití a cambio de este préstamo, las cuales en el pasado han incluido congelamiento de salarios en el sector público, programas de austeridad como mecanismo de control inflacionario y aumento en el precio de servicios como la electricidad, entre otros [15].  

Es absolutamente inaceptable que se utilice esta tragedia en uno de los países más empobrecidos del mundo para forzar políticas anti-populares o para seguir aumentando su deuda externa, la cual es un jugoso negocio con el cual por siglos se ha extorsionado al pueblo haitiano: Recordemos que entre 1825-1947 Haití fue forzado, mediante la imposición de un embargo y de un bloqueo diplomático encabezado por Francia, Inglaterra y los EEUU, a pagar una indemnización de 90 millones de francos a Francia, que a fines del siglo XIX se llevaba una tajada de nada menos que del 80% del presupuesto nacional. Esta indemnización cubriría los costos de la campaña militar francesa así como las pérdidas de los esclavistas que fueron privados no solamente su propiedad (los esclavos), sino de la posibilidad de ganancias a costa de ellos [16]. Cuando en Abril del 2003 Aristide demandó que Francia devolviera ese dinero robado descaradamente, se enfrentó a la hostilidad y al ridículo por parte del gobierno francés entonces encabezado por Chirac. Ya es hora de tomar este reclamo en serio. 

Demasiado es lo que deben estas potencias a Haití, país al que no han dejado de saquear en tres siglos de historia colonial y post-colonial. Tomando en cuenta esta historia, el llamado de Francia a cancelar la deuda haitiana con el Club de París, es a todas luces insuficiente [17]. No basta con sencillamente cancelar la deuda del saqueo. Es además importante hacer un acto de justicia histórica y exigir a Francia la devolución del dinero obtenido mediante esta indemnización fraudulenta. 

No podemos, por otra parte, menos que exigir la cancelación absoluta e incondicional de la deuda externa haitiana en todas sus formas, sea al Club de París, al FMI, al Banco de Desarrollo Interamericano (BID) o con cualquiera otra de las instituciones financieras internacionales (que suma alrededor de U$ 1.000.000.000). Esta cancelación debe ser hecha sin imponer ninguna clase de condicionamientos económicos o políticos a Haití: recordemos que este país ya ha clasificado para la Iniciativa HIPC de reducción de la deuda externa a Países en Vías de Desarrollo Altamente Endeudados, pero esto no se ha hecho efectivo pues se pide una serie de medidas neoliberales que aún no se han podido realizar [18]. Un sentido mínimo de justicia, además, demanda que las potencias y organizaciones que han causado la ruina de Haití se comprometan a una ayuda efectiva, sin segundas intenciones, transparente y en base a donaciones, no a nuevos préstamos. No somos tan ilusos como para pensar que esto será logrado sencillamente mediante exhortaciones a la buena voluntad de los poderosos. Por ello es de gran importancia la conformación de grupos efectivos de solidaridad con Haití, que den una mano a las organizaciones populares haitianas que, en el terreno, luchan por un nuevo orden y se mantienen vigilantes para que esta tragedia no se convierta en un nuevo mecanismo para seguir profundizando la dependencia y el neo-colonialismo. 

¿Qué clase de Haití queremos reconstruir? Por un Ayití desde abajo y apto para una vida humana digna 

Haití está en ruinas. Y esto de mucho antes del terremoto. Ya la “comunidad internacional”, mediante una mortífera combinación de sanciones económicas, chantaje político en forma de préstamos y saqueo abierto, sumado a la MINUSTAH, se había encargado de adelantar bastante esta tarea. Haití es el resultado más dramático de un modelo criminal que se ha implantado a escala global. 

Ya hay voces que advierten que Haití debiera convertirse abiertamente en un “protectorado” [19]. Nosotros nos negamos a pensar que este deba ser forzosamente el destino de Haití; nos negamos a creer que el destino de un pueblo valiente, inteligente y plenamente capacitado, deba ser la caridad, el neo-colonialismo o la miseria infrahumana. Haití debe ser reconstruido de los escombros: y eso requiere no solamente de palas mecánicas, asistencia económica o en especias, sino que, por sobretodo, visión política. Exactamente ese el terreno en el cual se libra la disputa entre los dos proyectos de Haití que vienen viviendo una lucha declarada de más de medio siglo: entre aquellos que quieren un Haití construido a la medida de su pueblo, y los que quieren un Haití construido a la medida de un capitalismo rapaz, representado en sus agentes nacionales y transnacionales.  

El pueblo haitiano y los pueblos que nos hacemos solidarios de él, no podemos menos que enfrentar a los que quieren utilizar la tragedia para reconstruir al Haití de la ocupación militar, para reconstruir al Haití de las “maquilas” y de los campos desolados, al Haití donde se comen galletas de barro y donde los makoutes [20] todavía son amos y señores de las calles en las principales ciudades. No queremos reconstruir el Haití del turismo sexual, ni el Haití de la oligarquía neo-duvalierista, ni el Haití del analfabetismo crónico. Ni tampoco nos interesa el Haití donde los niños mueren antes de ser hombres o mujeres por toda clase de enfermedades previsibles. Ese Haití es el que quieren reconstruir los misioneros del fusil y la chequera. Ese Haití, el Haití que describe la demencial “geografía” de Eduardo Galeano, ojalá quede sepultado para siempre. El Haití que queremos construir junto al pueblo de Haití, se resume en las propuestas mínimas entregadas desde Haití por el compañero Camille Chalmers de la Plateforme Haïtienne de Plaidoyer pour un Développement Alternatif (Plataforma Haitiana por la Defensa de un Desarrollo Alternativo, PAPDA): 

• Superar el analfabetismo (45% de la población)

• Construir un sistema efectivo de educación pública, gratuito y que respete la historia, cultura y ecosistema de nuestro país

• Superar la crisis ambiental y recuperar las 30 cuencas haitianas con participación masiva de la juventud y de voluntarios internacionales

• Construir un nuevo sistema de salud público que enlace la medicina moderna y tradicional y que pueda ofrecer calidad, servicios primarios al alcance del 100% de la población para vencer la mortalidad infantil, la desnutrición, y la mortalidad materna (actualmente de 630 mujeres de cada 100.000 nacimientos)

• Reconstruir una nueva ciudad, basada en una lógica diferente: urbanización humana y equilibrada, respecto por los trabajadores y los verdaderos productores de la riqueza, que se privilegie el transporte público, parques que maximicen nuestra biodiversidad, investigación científica, agricultura urbana, producción artesanal y arte popular.

• Conquistar la soberanía alimentaria basada en una reforma agraria integral, priorizando las inversiones en agricultura que respeten al ecosistema, la biodiversidad y las necesidad así como la cultura de las mayorías.

• Destruir los vínculos de dependencia con Washington, la Unión Europea y otras formas de imperialismo. Abandono de políticas emanadas de diferentes versiones del Consenso de Washington. Romper los vínculos con las Instituciones Financieras Internacionales y son sus programas: ajustes estructurales, el Documento de Estrategia sobre Crecimiento y Reducción de la Pobreza, los documentos sobre estrategias de reducción de la pobreza, la Iniciativa HIPC (Países en Vías de Desarrollo Altamente Endeudados) y las iniciativas sobre países en post-conflicto.

• Expulsión de la MINUSTAH y la creación de brigadas de solidaridad de pueblo a pueblo.[21] 

No es demasiado pedir, y los haitianos merecen esto y mucho más. Conquistarlo, es tarea del movimiento popular haitiano que debe decidir francamente y sin sectarismos sobre una plataforma de lucha común incluyente. Solamente el mismo pueblo haitiano puede ser capaz de conquistar nuevamente su liberación y construir así un destino mejor, un nuevo Ayití*, desde abajo y hacia el pueblo. Reconstruir Ayití para su pueblo y no para los capitalistas. Y nosotros, en el movimiento solidario internacional, estaremos siempre dispuestos a apoyarlos con nuestras manos solidarias. 

*Ayití es el nombre de Haití en la lengua propia de los haitianos, el kreyol.

 Notas:

[1] Ver por ejemplo http://www.infobae.com/mundo/495896-101275-0-La-violenc…ayuda
[2] http://www.anarkismo.net/article/15538
[3] http://www.anarkismo.net/article/15546
[4] http://www.cjad.com/news/56/1052027
[5] “US Troops to Help Haiti’s Security, Aid Flows in” Andrew Cawthorne & Catherine Bremen, Reuters, 18 de Enero, 2010.
[6] http://www.anarkismo.net/article/15539
[7] Ver Renda, Mary, “Taking Haiti”, University of North Carolina Press, 2001, p.10; ver también Trouillot, Michel-Rolph, “Haiti: State Against NAtion”, MR Press, 1990, pp.100-101 y Dupuy, Alex “Haiti in the World Economics”, Westview Press, 1989, pp.131-133.
[8] http://www.telegraph.co.uk/news/worldnews/centralameric….html
[9] Para más detalles revisar http://www.anarkismo.net/article/1063 y http://www.anarkismo.net/article/4651
[10] Los Duvalier fueron la dinastía de dictadores que rigieron Haití en el período 1957-1986.
[11] http://www.anarkismo.net/article/7616
[12] http://www.anarkismo.net/article/9797
[13] “Haiti Aid Security Boosted as Looters Swarm”, Andrew Cawthorne & Catherine Bremer, Reuters, 18 de Enero, 2010.
[14] http://www.reuters.com/article/idUSN1420120920100114
[15] http://www.thenation.com/blogs/notion/517494/
[16] Ver Dupuy, op.cit., p.94
[17] http://www.rfi.fr/actuen/articles/121/article_6531.asp
[18] http://www.jubileeusa.org/haiti/food/statement.html
[19] http://www.anarkismo.net/article/15557
[20] Makoutes son los agentes secretos creados por Duvalier.
[21] http://www.anarkismo.net/article/15559
Artículos como este se han reproducido por millares.


http://www.anarkismo.net/article/15564

Nuestro papel en el trance haitiano

Posted in Caribe on Enero 19th, 2010

Por Peter Hallward

Si verdaderamente queremos ayudar a este país devastado, debemos cesar los intentos de controlarlo y explotarlo.

ap_haiti-una-nacion-destruida.JPGCualquier gran ciudad del mundo habría sufrido daños considerables por un terremoto como el que asoló la capital haitiana en la tarde del martes, pero no es ningún accidente que buena parte de la ciudad de Puerto Príncipe parezca ahora una zona de guerra. Gran parte de la devastación causada por la más reciente y desastrosa calamidad que ha golpeado a Haití se comprende mejor como el resultado de una larga e infame secuencia de acontecimientos históricos causados por el hombre.

El país ya ha tenido que enfrentar más catástrofes de las que en justicia le corresponden. Cientos de personas perecieron en Puerto Príncipe por un terremoto en junio de 1770, y el gigantesco terremoto del 7 de mayo de 1842 pudo matar a 10.000 personas solamente en la ciudad norteña de Cabo Haitiano. Los huracanes golpean a la isla con regularidad, los más recientes en 2004 y 2008; las tormentas del año 2008 inundaron la ciudad de Gonaives y destruyeron la mayor parte de su frágil infraestructura, matando a más de mil personas y destruyendo varios miles de viviendas. La extensión del actual desastre puede que no se conozca hasta dentro de varias semanas. Incluso reparaciones mínimas pueden tardar años en completarse, y el impacto a largo plazo es incalculable.

Sin embargo, lo que ya está bastante claro es que ese impacto será el resultado de un proceso histórico aún más largo de debilitamiento y empobrecimiento deliberado. Haití se suele describir rutinariamente como “el país más pobre del hemisferio occidental”. Esa pobreza es el legado directo del que tal vez haya sido el sistema de explotación colonial más brutal de la historia, agravado por decenios de sistemática opresión poscolonial.

La noble “comunidad internacional” que en estos momentos se prepara con gran estruendo para enviar su “ayuda humanitaria” a Haití es en gran parte responsable de la extensión del sufrimiento que ahora quiere aliviar. Desde la invasión y ocupación norteamericana de 1925, cada tentativa política seria de permitir que el pueblo haitiano pudiera pasar (en la frase del anterior presidente Aristide) “de la miseria absoluta a la pobreza digna”, ha sido bloqueado deliberada y violentamente por el gobierno de EEUU y algunos de sus aliados.

El propio gobierno de Aristide (elegido aproximadamente por el 75% del electorado) fue la última víctima de esa injerencia al ser derrocado en 2004 por un golpe patrocinado internacionalmente en el año 2004, que mató a varios miles de personas y dejó gran parte del país hundida en resentimiento. Las ONU ha mantenido en el país desde entonces una enorme y muy onerosa fuerza militar de pacificación.

Haití es hoy un país donde, según el mejor estudio disponible, cerca de 75% de la población “vive con menos de 2 dólares al día, y el 56% -cuatro millones y medio de personas- vive con menos de 1 dólar diario”. Decenios de “ajuste” neoliberal e intervención neoimperial han despojado al país de cualquier porción significativa de capacidad para invertir en su pueblo o regular su economía. Condiciones punitivas de comercio y financiación internacional garantizan la permanencia, en un futuro previsible, de esa indigencia e impotencia como hechos estructurales de la vida haitiana.

Es exactamente esa pobreza e impotencia lo que explica la extensión del actual horror en Puerto Príncipe. Desde los últimos años de la década de los 70, un implacable asalto neoliberal a la economía agraria de Haití ha obligado a decenas de miles de pequeños agricultores a trasladarse a viviendas informales y deficientes, a menudo encaramadas en las faldas de barrancos deforestados. La selección de la gente que vive en tales lugares no es en si misma más “natural” o accidental que la extensión de las heridas que ha sufrido.

Como indica Brian Concannon, director del Instituto por la Justicia y Democracia en Haití, “esa gente llegó a esos lugares porque ellos o sus padres fueron expulsados intencionadamente de las áreas rurales por políticas de ayuda y de comercio diseñadas específicamente con la intención de crear en las ciudades una fuerza de trabajo cautiva, y por lo tanto fácil de explotar; por definición se trata de gente que no cuenta con los medios para construir casas resistentes a los terremotos”. Entretanto, la infraestructura básica de la ciudad –agua corriente, electricidad, carreteras, etc.- permanece deplorablemente inadecuada, a menudo inexistente. La capacidad del gobierno para movilizar cualquier tipo de ayuda contra catástrofes es prácticamente nula.

La comunidad internacional ha gobernado efectivamente Haití desde el golpe de 2004. Los mismos países que ahora alardean con el envío de ayuda de emergencia a Haití han votado sin embargo consistentemente, durante los últimos 5 años, contra cualquier extensión del mandato de la misión de la ONU más allá de sus objetivos estrictamente militares. Propuestas para desviar parte de de estas “inversiones” hacia programas para la reducción de la pobreza o el desarrollo agrario se han bloqueado, en consonancia con las pautas de largo plazo que siguen caracterizando la “ayuda” internacional.

Las mismas tormentas que mataron a tanta gente en 2008 golpearon a Cuba con la misma fuerza, pero aquí dejaron solamente 4 muertos. Cuba ha eludido los peores efectos de las “reforma” neoliberales y su gobierno conserva la capacidad de defender a su pueblo contra los desastres naturales. Si queremos seriamente ayudar a Haití a salir de su última crisis, deberíamos tomar en consideración esos resultados. Juntamente con el envío de ayuda de emergencia, deberíamos preguntarnos qué podemos hacer para favorecer el fortalecimiento de la autodeterminación del pueblo de Haití y sus instituciones públicas. Si queremos en serio ayudar, tenemos que dejar de intentar controlar el gobierno haitiano, pacificar a sus ciudadanos, y explotar su economía. Y luego tendremos que empezar a pagar al menos una parte del destrozo que ya hemos causado.

Foto AP, tomada de Infobae

Fuente: The Guardian
http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2010/jan/13/our-role-in-haitis-plight

peter-hallward.jpg*Peter Hallward es profesor de Filosofía Moderna Europea en la Universidad de Middlesex y autor de Damming the Flood: Haiti, Aristide and the Politics of Containment (Contener la inundación: Haiti, Aristide, y las políticas de contención).

Tomado de Boletín Entorno, Cuba Año 8 Número 5, de 18 de enero de 2010

Cascos azules y esperanzas negras

Posted in Caribe on Enero 19th, 2010
Mientras un sonriente Ban Ki Moom aparece en la página de la MINUSTAH (United Nations Stabilization Mission in Haiti) saludando a unos limpios y sonrientes haitianos, y el Consejo de Seguridad de la ONU aprueba 3 500 agentes represores más a desplegar en Haití, otra es la realidad que se despliega ante nosotros.
 

ban-ki-moon-en-otro-haiti.jpg

 
Decir “con lágrimas en los ojos” no describe los profundos sollozos que me estremecieron al ver, hace unos minutos, en el Noticiero Nacional de TV, un documental recien llegado desde Haití, de la periodista e hija muy querida, Fabiola López. ¿El lugar? el aeropuerto de Puerto Príncipe.
 
En él, con profunda consternación y rabia, hemos visto a los cascos azules de la ONU, propinándole una severa paliza a jóvenes haitianos… Entrevistados por Fabiola, con la ayuda de un traductor, un joven decía, entristecido: “Los haitianos no estamos aquí para robar, queremos trabajo, queremos ayudar a descargar la ayuda humanitaria para que llegue pronto a la poblacion”. Otro, expresaba: “Quiero trabajo: no tengo casa, perdí a mi madre, perdí todo, quiero trabajar y ayudar”´
 
Inmediatamente, Fabiola se dirigió a un oficial requiriendole respuestas: “¿Por qué no los dejan entrar? ¡Están buscando trabajo! ¿Por qué les dan golpes?” Impávido, el oficial le respondió: No, no se ha dado golpes… mientras, pasaban las imágenes de los cascos azules, palos de goma en mano, golpeando y empujando a los haitianos…
 
Cuando la joven periodista se acercó a un marine yanqui, preguntandole por qué no los dejaban entrar, simplemente, con su prepotencia intrínseca, señaló con su índice la bandera americana en la manga de su traje.
 
Realmente, no hacía falta otra respuesta.
 .-.-.-.

ONU desplegará 3.500 soldados y policías más en Haití para evitar saqueos

Por Luis Torres de la Llosa (AFP) – Hace 1 hora.

casco-azul-detiene-a-un-haitiano.jpgNUEVA YORK — El Consejo de seguridad de la ONU aprobó este martes el envío de 3.500 efectivos adicionales a Haití para mantener el orden y proteger la distibución de ayuda humanitaria contra los saqueos.

Desde que un sismo devastó el martes pasado al país más pobre del continente causando al menos 70.000 muertos, la comunidad internacional comenzó a enviar ayuda, pero su distribución ha sido caótica por la falta de seguridad.

Por unanimidad, el Consejo de seguridad adoptó una resolución que constata “las dramáticas circunstancias y urgente necesidad de una respuesta”, y avala el pedido del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, de enviar más tropas.

La resolución precisa que la Misión de la ONU para la Estabilización de Haití (Minustah) “consistirá en un componente militar de hasta 8.940 militares de todos los rangos y un contingente de 3.711 policías”.

“Debemos enviar las tropas lo antes posible para que ayuden a mantener el orden y permitan la distibución de ayuda humanitaria”, dijo Ban a la prensa tras la decisión del Consejo.

El representante de Francia en la ONU, Gerard Araud, explicó que la tarea principal de los cascos azules “será escoltar todos los convoys para que la ayuda humanitaria llegue lo antes posible y garantizar la seguridad en los puntos de llegada donde se distribuye”.

Araud admitió que “los saqueos están sucediendo” pero aclaró que “no a gran escala y en todo el país”. “Los saqueos ya existían en el país antes del sismo”, comentó el diplomático.

El nuevo despliegue militar de la ONU en la isla caribeña, donde también acudieron Marines de Estados Unidos, permitirá en particular abrir un corredor humanitario entre Puerto Prícipe y República Dominicana, y otro entre el norte del país y la capital, donde el puerto también fue dañado por la catástrofe.

Ban presentó el lunes un informe sobre la situación en el terreno, donde antes del sismo la fuerza de la ONU tenía 9.000 militares y policías de 18 nacionalidades, de los cuales varias decenas perecieron en la catástrofe.

Entre los muertos figuran el jefe de la Minustah Hedi Annabi de nacionalidad tunecina y su adjunto brasileño Luiz Carlos da Costa.

Al menos 47 efectivos de la Minustah murieron a causa del terremoto y más de 500 personas que trabajan para Naciones Unidas están desaparecidas.

Además de los militares y policías, la ONU emplea actualmente a unos 2.000 empleados civiles, de los cuales unos 500 son extranjeros.

Brasil (1.300), Uruguay (1.100), Argentina (550) y Chile (500) son los principales contribuyentes en Cascos Azules de América latina en la Minustah.

Según Araud, la ONU examinará si resulta necesario la adaptación del mandato de la nueva fuerza de un total de más de 13.000 hombres a la nueva situación.

El representante francés indicó además que su país propuso celebrar en marzo una conferencia internacional para la reconstrucción de Haití, precedida de una reunión preparatoria en Montreal el 25 de enero.

http://www.google.com/hostednews/afp/article/ALeqM5iHUtEQs2n0cc7trGJAYQZ5o3RsCQ


© Centro de Información para la Prensa, Dirección:Territorial y General Suárez,
Plaza de la Revolución, Ciudad de La Habana. Teléfono 855-5773
E-mail adminblogcip@cip.cu