La Polilla Cubana

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El estilo Obama y América Latina

Posted in América Latina on Agosto 15th, 2009

El estilo Obama y América Latina

Por Raúl Zibechi

 

obama_latinoamerica.JPGHan transcurrido ya seis meses desde que Barack Obama se instaló en la Casa Blanca. Un tiempo breve, pero suficiente para observar cambios y continuidades en la relación de Estados Unidos con América Latina. Destacados analistas enfatizan los cambios. “Balance positivo”, titula Ignacio Ramonet su columna en Le Monde Diplomatique, en la que sostiene que Obama no ha cometido errores graves, mantiene alto nivel de popularidad y ha cumplido sus principales promesas, entre ellas iniciar una “nueva era” en las relaciones con América del Sur.

 

Seguramente la opinión anterior es la predominante aun después de las vacilaciones en relación con el golpe de Estado en Honduras, que ha llevado a otros analistas a enfatizar en las continuidades de la política exterior de Washington. Sería demasiado simplista concluir que no ha habido cambios. Obama enarbola un nuevo discurso con modales más refinados, como pudo verse en su encuentro con presidentes latinoamericanos, incluyendo gestos amables hacia Hugo Chávez, y parece intentar comprender al resto del mundo, como se desprende de su discurso del 4 de junio en El Cairo. Muy distinto, por cierto, de la soberbia del vaquero George W. Bush.

 

Los gestos y modos no son manifestaciones simbólicas despreciables. La humanidad de abajo ha luchado y lucha por ser reconocida, por su dignidad, que no puede circunscribirse a asuntos meramente materiales. Pero los gestos solos no alcanzan. Es en las zonas y en los momentos calientes donde deben materializarse los cambios, si es verdad que existen.

 

Honduras es un banco de pruebas del que la administración de Obama no sale muy bien parada, pero tampoco puede achacársele apoyo directo a los golpistas. Aún es pronto para saber cómo se dilucidará esa crisis, aunque cada día que pasa sin el retorno de Manuel Zelaya a la presidencia es un triunfo de los golpistas.

 

En América Latina el lugar que sigue ardiendo es la región andina y Colombia. ¿Qué ofrece de nuevo Obama en ese país? Podría decirse que ni siquiera los gestos que prodiga en otros escenarios. En Colombia el militarismo crece, la presencia militar estadounidense está escalando hasta niveles prácticamente irreversibles y lo hace bajo la administración de Obama.

 

La retirada forzada del Comando Sur de la base de Manta en Ecuador ha llevado al Pentágono a profundizar y diversificar su presencia en Colombia. A través del Plan Colombia utiliza las instalaciones militares de Tres Esquinas y Larandia en el sur, además de por lo menos otras tres bases. La propuesta ahora es dispersar lo que había en Manta en por lo menos tres bases aéreas y dos navales. Está a punto de finalizar la negociación para la utilización de las bases aéreas de Apiay, Malambo y Palanquero, y los puertos de Tumaco y Bahía Málaga sobre el Pacífico. Sólo con la base de Palanquero (en el centro del país) el Comando Sur equilibra con creces la retirada de Manta, ya que cuenta con una pista 600 metros más larga, puede albergar 2 mil soldados y 100 naves y permite operar a los gigantescos C-17 que no lo hacían en la base ecuatoriana. Alfredo Molano adelanta la posibilidad de que Colombia autorice que un portaaviones se estacione en aguas del Caribe o el Pacífico.

 

La nueva disposición de fuerzas estadounidenses en Colombia le permitirá avanzar en aspectos claves: la profundización del control territorial de las regiones decisivas de Colombia, en particular aquellas que por tener riquezas en el subsuelo son codiciadas por las multinacionales; proyectarse como sombra sobre sus vecinos, tanto Venezuela y Ecuador como Perú y Brasil; e incrementar el control sobre el Pacífico, en vista del creciente comercio entre China y la región sudamericana, en particular con Brasil y Venezuela.

 

No se trata sólo de una respuesta militar a la pérdida de la base de Manta, como sostienen analistas. El nuevo despliegue pretende erigirse en una respuesta militar integral, o sea también política y económica, al declive estratégico de la superpotencia y a la crisis por la que atraviesa. En Sudamérica la principal amenaza estratégica para Estados Unidos es la alianza China-Brasil, es decir, China-América del Sur, que tiene una de sus patas en la IIRSA (Iniciativa para la Infraestructura de la Región Suramericana), conjunto de obras infraestructura capaz de lubricar el flujo comercial Pacífico-Atlántico. De ahí la importancia de contar con bases sobre el Pacífico.

 

Aunque el argumento sigue siendo el narcotráfico y el terrorismo, el objetivo es reposicionar al Comando Sur como eje del control estadounidense en la región. Sabemos que la base de Manta nunca se propuso combatir el narcotráfico. “Manta ahora es el primer puerto de exportación de droga en el país”, sostiene Luis Ángel Saavedra, director de Inredh. De lo que se trata, insiste, es de la construcción de un “esqueleto militar” que permita el control rápido de México hasta la Patagonia, articulando así el Plan Puebla Panamá con el Plan Colombia.

 

Para este reposicionamiento la Casa Blanca no dudó en reforzar su alianza con la ultraderecha colombiana, con el presidente Álvaro Uribe y el ex ministro de Defensa, Manuel Santos, ambos cercanos a los paramilitares. Incluso los más ultras aprendieron el lenguaje políticamente correcto que exigen los nuevos tiempos. El general Freddy Padilla, ministro de Defensa, es ejemplo de los nuevos modales, cuando asegura que “no se permite la creación de bases militares de Estados Unidos” y que “no se afectará a terceros estados”. Va más lejos; dice que el nuevo convenio que se negocia respeta la soberanía de Colombia, que no se permitirá el tránsito de tropas extranjeras sino la cooperación a través del préstamo de instalaciones colombianas a los estadounidenses.

 

La “nueva era” que prometió Obama puede quedar sólo en palabras si la realidad sigue siendo de control imperial y de injerencia abierta.

 

http://www.jornada.unam.mx/2009/07/31/index.php?section=opinion&article=016a2pol

 

El Salvador, tan violentamente dulce

Posted in América Latina on Agosto 15th, 2009

Por Adriana Vega

DEDICADO AL MEDICO PERIODISTA JOSE MARIO ZAVALETA, ALUMNO DE RUTILIO GRANDE EN SU NIÑEZ. 

http://3.bp.blogspot.com/_NOLJGwk3N74/SSq69nUcWvI/AAAAAAAAARE/rAlYRHyQiPw/s320/monse%C3%B1or+romero.jpgEl Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) es un partido  de izquierda y principal fuerza política de oposición entre 1992 y 2009. Tras alcanzar la victoria en las elecciones presidenciales del 15 de marzo de 2009, su candidato Mauricio Funes asumió la Presidencia de la República el 1 de junio de 2009. 

Había sido creado en 1980 como organismo de coordinación de las cinco formaciones político-militares que participaron en la guerra civil entre 1980 y 1992  y que se constituyeron en partido legal  firmando los Acuerdos de Paz de 1992. 

El año 1980 había sido muy determinante para el inicio de esta guerra civil en El Salvador, por  la serie de eventos represivos por parte del Estado y organizaciones paramilitares,  refutados por acciones y respuestas de las organizaciones guerrilleras. 

El 24 de marzo fue asesinado el Arzobispo de San Salvador, Monseñor Óscar Arnulfo Romero, después de haberle exigido a Estados Unidos retirar su apoyo militar al régimen salvadoreño y ordenar a la misma Junta el cese de la represión. El mayor Roberto D’Aubuisson fue  imputado como organizador del crimen y nunca se lo llevó a juicio. 

El mundo fue estremecido en mayo por la violenta masacre de más de  seiscientas personas en el Río Sumpul situado en la frontera con Honduras, crimen que fue producido  por las fuerzas militares concertadas entre ambas naciones.  El 10 de octubre los ímpetus guerrilleros  se organizaron bajo el nombre de Frente “Farabundo Martí” para la Liberación Nacional (FMLN) y  en diciembre se unió  el Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos (PRTC). 

http://www.marxists.org/espanol/grande/rutiliogrande.jpgEn memoria del obispo Romero, inmolado y venerado desde entonces  y  porque el 15 de agosto cumpliría 92 años, queremos homenajearlo refiriéndonos a uno de sus grandes amigos, el sacerdote Rutilio Grande y abordar el tema de aquellos que desde el catolicismo tercer mundista, fueron excelentes revolucionarios en nombre de su opción por los pobres.  

El asesinato del Padre Rutilio al que nos referiremos, inició la larga lista de crímenes de sacerdotes que culminó con la muerte del mismo  Romero y, muy posteriormente, con el asesinato de seis  jesuitas de la UCA y sus dos trabajadoras.  

Después de la muerte de Monseñor Romero, la misma Guardia Nacional entró en el templo de Aguilares, mató al sacristán a sangre fría y deportó a tres sacerdotes que conformaban el equipo parroquial. Profanaron el oratorio, abrieron el sagrario, desparramaron hostias consagradas por el suelo. 

Cuentan los testigos que cuando el arzobispo llegó a Aguilares y contempló el cuerpo sin vida del jesuita, se deshizo en llanto. No han faltado quienes atribuyen a este asesinato el cambio de Monseñor, que  a partir de esa fecha comenzó con una serie de denuncias que lo  enfrentaron cada vez más con los poderes militares, mediáticos y políticos. 

Amigo y conocedor de Rutilio, sabía que el Padre Grande no era una persona dedicada a la política, sino que vivía su sacerdocio y las propias exigencias sacerdotales con modestia y vocación. El hecho de ser testigo directo del ensañamiento que rodeó su muerte le ayudó a comprender, sin duda, las profundas raíces de injusticias que se vivían en   El Salvador y el tipo de represión brutal que en aquel tiempo se estilaba. 

 Rutilio se dedicaba a la formación del clero secular y quiso participar de la aventura de varios sacerdotes salvadoreños que acompañaban  formando a su pueblo, en medio de una dificultosa, rígida y vertiginosa  alternativa.  

Defendió a los pobres y a los humildes de la espeluznante violencia indiscriminada que los gobiernos de entonces regentaron contra quienes pedían un mínimo respeto a su dignidad. Dar la vida en servicio de los demás es siempre el mayor legado que  hacen los revolucionarios, aunque la iglesia los designe como mártires.  

El padre era una persona muy moderna, estaba al cabo y a fondo de  la realidad de la gente, y al mismo tiempo se preocupaba por su trabajo pastoral ejercido con profunda condición humana. Cercano y participativo, se dice que tenía una salud débil y sin embargo un carácter firme de tendencias contenedoras.  Buen mozo y elegante, su ofrecer la vida por los demás no le fue dificultoso porque  comprendió al ser humano que sufre y le fue construyendo, a partir de necesidades, nuevos elementos abiertos al amor.  

http://blog.chento.org/wp-content/uploads/2008/05/rutilio_homenaje-300x225.jpgSu mensaje de vida y de muerte no ha desaparecido ya que impregnado de ternura encontró a Dios en  los pobres, pudo crecer y continuar vivo,  multiplicado y trascendido en ejemplos. Como un Che. 

Había  nacido en El Paisnal y en su juventud fue reclutado al sacerdocio. Estudió en el seminario de San José de la Montaña y allí comenzó  su amistad con Romero, que también lo estaba cursando. Mantuvieron  ese aprecio a través de los años, y  Grande fue el maestro de ceremonias cuando Romero fungió como obispo auxiliar. Párroco en Aguilares, feligresía  donde había pasado su niñez y juventud, estableció las Comunidades Eclesiales de Base, organización campesina que consiguió la oposición de los terratenientes de la zona, que  interpretaron  amenazaba  su poder. También juzgaron lo mismo algunos sacerdotes conservadores,  temerosos de  ser controlados por fuerzas izquierdistas. 

Contrariamente, Rutilio  fue una respuesta a  intenciones  destinadas a perseguir sacerdotes compatriotas o no, como ocurrió con el colombiano Mario Bernal Londoño, expulsado  por el gobierno, hecho que lo llevó a pronunciar  la homilía  llamada “sermón de Apopa”, denunciando su destitución. 

Según la OEA, esta imputación  puede haber provocado el asesinato del padre Grande, que El 12 de marzo de 1977  fue emboscado y ametrallado junto a Manuel Solórzano, un anciano, y Nelson Rutilio Lemus, un adolescente, en  campos de caña de azúcar cercanos a  El Paisnal  cuando iba a impartir  misa vespertina.  

Al enterarse, Monseñor Romero fue al templo donde reposaban los tres cuerpos y celebró  misa. Después pasó varias horas escuchando a los campesinos locales, conociendo sus historias personales y de sufrimiento. Al día siguiente, luego de reunirse con  sacerdotes y consejeros, anunció que no asistiría  más a ninguna reunión  gubernamental ni a juntas con el presidente hasta que la muerte se investigara. Durante casi tres años, no concurrió. 

El domingo sucesivo Monseñor Romero canceló las misas en toda la arquidiócesis por una sola  a la que acudieron en la catedral de San Salvador   más de cien mil personas  para escuchar un discurso  que pedía el fin de la violencia. 

Refugiados salvadoreños  regresados luego de once años de exilio en Nicaragua fundaron  la Comunidad Rutilio Grande  el 15 de marzo de 1991 y entre los proyectos diversos del grupo figuró “Radio Rutilio” radioemisora que destaca jóvenes locales como presentadores de noticias y anuncios comunitarios. 

Asesinato de las monjas en El Salvador  

http://4.bp.blogspot.com/_CqwDIIimGtQ/SayfShnTAyI/AAAAAAAAAhc/4_KlEZJ8ov0/s400/maryknoll.jpg El 2 de diciembre de 1980, al inicio de la guerra civil salvadoreña, fueron violadas y asesinadas las religiosas  Ita Ford, Maura Clarke y Dorothy Kazel y la misionera laica Jean Donovan, aberrante suceso que fue llevado a cabo por cinco miembros de la Guardia Nacional.

 Las monjas y la seglar pertenecían a las congregaciones de las Hermanas de Maryknoll y las Hermanas Ursulinas de Nueva York. Habían sufrido violación antes de asesinarlas  disparándoles, sólo por  haber defendido a los salvadoreños del terror desatado por su gobierno.  

Por el crimen de las cuatro religiosas de nacionalidad norteamericana, en 1984  fueron condenados a treinta años de cárcel los cinco agentes de la Guardia Nacional. De ellos, tres fueron dejados en libertad cuatro años después. 

La violación y asesinato de las monjas por sicarios y militares provocó que el gobierno norteamericano suspendiera la ayuda militar al gobierno salvadoreño… por un mes.  

El Comité de Abogados para los Derechos Humanos de Nueva York inició en el  dos mil una demanda penal por homicidio contra dos generales salvadoreños, a quienes acusaron de ordenar la muerte de las religiosas.  

El crimen, denunciado por el New York Times, indujo a que la embajadora en Naciones Unidas  Jean Kirkpatrick acusase a las monjas de actividades subversivas. Ella y su sucesor, Vernon Walters, el homicida subdirector de la CIA que organizó los grupos de carniceros de la Operación Cóndor, negaron la veracidad de estos hechos. Los generales acusados son Eugenio Vildes Casanova, y José Guillermo García.  

Cuando ocurrió la masacre, el primero era el jefe de la Guardia Nacional y el segundo  Ministro de Defensa. Los dos viven en Florida, Estados Unidos. Fueron declarados inocentes de cualquier responsabilidad en el secuestro, violación y asesinato de las religiosas en una Corte Federal de Florida. 

Dos años después, por otro caso,  condenados por la misma Corte a pagar 54,6 millones de dólares a tres víctimas de torturas durante la guerra civil salvadoreña.  

En septiembre de 1981, la Comisión de Derechos Humanos de El Salvador (CDHES), informó que un total de 32,000 civiles fueron asesinados por fuerzas gubernamentales  y escuadrones de la muerte vinculados al Ejército, desde que la primera junta asumió el poder en el país. Ese mismo mes, D’Aubuisson anunció la fundación del partido Alianza Republicana Nacionalista, ARENA, y posteriormente, su postulación como candidato presidencial. 

Las Fuerzas Armadas salvadoreñas  se involucraron directamente en la represión indiscriminada, siendo el más notorio de estos incidentes la denominada Masacre de El Mozote entre el 10 y el 13 de diciembre de 1981 contra la población civil cometido por el Batallón Atlacatl de la Fuerza Armada salvadoreña durante un operativo de contrainsurgencia en las aldeas de El Mozote, La Joya y Los Toriles, en el norte del departamento de Morazán. 

Según  la Comisión de la Verdad,  organismo de la ONU  creado para investigar los hechos, aproximadamente novecientos campesinos  fueron asesinados allí  y en  los cantones aledaños. No sólo es el mayor acto de violencia contra población civil cometida por agentes gubernamentales durante la Guerra Civil de El Salvador, sino también la peor masacre en el Hemisferio Occidental en tiempos modernos. 

Hoy los salvadoreños, como nosotros todos, se ven amenazados por la Cuarta Flota y el Comando Sur que  amplían sus enclaves en Colombia, mientras el  narco-presidente Uribe  visita  nuestros países para que el atropello sea consumado. 

¿Más de lo mismo?  

 

Buenos Aires, 15 de agosto de 2009


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